LA INDEPENDENCIA

DESPUÉS DE ESTO

Yo también quiero la independencia.

Me quiero independizar de la hipoteca, de la hipocresía, del sueldo del mes – quiero uno mayor, hablemos de 3000 euros para empezar, luego ya veremos -, del trabajo, que eso sí que cansa. También de la vida que lleva inexorablemente a la muerte, – sí, sí, yo quiero una vida inmortal salpicada con todos los lujos y placeres que te puedas imaginar – de la tristeza, de ser feo y bajito; y de los sesenta años que llevo a cuestas, del ronquido de las noches en su versión mío y tuyo.

Me quiero independizar, amigo, de la idiotez, y de la violencia, de los asesinos a sueldo que te esperan nadie sabe dónde ni cuando para robarte lo poco que has ahorrado en la vida, de los políticos que hacen política – de los que trabajan por el ciudadano si hubiera alguno, no -, de las multas de tráfico, del abono mensual, de lo del canon de aparcamiento en el barrio; y si me apuras, amigo, me quiero independizar también de ti, que te quedas ante estas palabras mías tan parado como una escoba en medio del campo.

Y como esto es tan fácil, porque hoy todo lo que esté más allá de los límites de la libertad es muy fácil, pues voy a montar una asociación de hipotecados que toman una copita de jerez a las tres de la mañana – ojo, que sólo los sábados -, otra de albañiles en paro que fumen en pipa, otra de futuros cadáveres que no sonrían nunca, otra de gente alegre y exhausta, otra de guapos bizcos sin gorra, otra de altos y morenos y de ojos de color de fresa, otra de menores de sesenta con achaques de noventa, otra de personas inteligentes, buenas y honradas que nunca hayan leído un poema, otra de antiviolentos en una noche de botellón con cubos ardiendo, jeringa va, jeringa viene, otra de apolíticos morosos que no vayan a misa todos los domingos – valen los ocasionales -, otra de moteros con minifalda – piernas sin afeitar, ¡eh! -, otra de saltimbanquis esqueléticos. Y otra de, no sé. ¡Ah!, sí de pringaos narigudos.

Y luego, con los resultados de todas esas consultas, me voy a ir a ver Raúl, sí, el jugador del Real Madrid, a pedirle la independencia. Y ojo con que no me reciba en su despacho, que soy capaz hasta de no ir a verle al Santiago Bernabeu.

Pixie & Dixie…  si es que esto es demasiao.

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