COPO DE NIEVE EN EL ALMA

Alicia Uriarte

Alicia Uriarte

Era un sábado soleado de primavera. El parque estaba repleto de flores de dientes de león, a modo de pequeños soles, sobre un manto verde. Las golondrinas de dorso negro, como saetas recién lanzadas, sobrevolaban el entorno permitiendo disfrutar de un maravilloso espectáculo. Unas bebían agua en vuelo rasante por la superficie del estanque. De mientras otras, describiendo piruetas en el aire, se afanaban en la captura de algún insecto.

 

Llegaron de la mano, sin saber quien cuidaba a quien.

La anciana, próxima a los ochenta años, con paso lento y vacilante. El pelo plateado y ensortijado. La piel blanca y placidez en la mirada. Un vestido floreado de piqué mixturado en grises y unas playeras de tipo campesino con tacón de no más de dos centímetros vestían su cuerpo, dejando adivinar que en un pasado había sido una mujer muy bella.

Cogida de la mano la nieta. No aparentaba más de diez años. Complexión delgada y tez morena, mostrando unas facciones muy parecidas a las de la abuela. En su espalda una mochila cuya forma delataba que esa tarde iba a patinar.

Con rumbo fijo se dirigieron a un banco que se hallaba protegido por la sombra de un gran magnolio. Este, de hojas brillantes y como si se tratara de pequeños espejos, reflejaba los incipientes rayos de sol. Los grandes capullos ovalados empezaban a descubrir las flores que ya permitían notar la esencia de su olor.

La abuela se sentó y con las gafas ya en la mano hizo intención de sacar un libro para distraerse con su lectura.

-Abuela, tú siempre tienes un libro empezado ¿Verdad?

-Y muchos terminados, cariño ¿Por qué lo preguntas?

-No sé, pero me parece que los libros han sido tus amigos muchas veces. ¿Te acuerdas de aquella historia que me contaste aquella noche de tormenta? ¿Recuerdas que no me podía dormir? Cuéntamela otra vez mientras vienen mis amigas. Tú querías mucho al abuelo ¿Verdad?

-Si cariño. Mucho.

-Pero ¿Por qué se marchó tan pronto?

-Todos tenemos una misión muy importante que cumplir y tal vez él ya había cumplido la suya.

-¿Qué misión se puede acabar tan pronto abuela?

-La de salvar a un ser de sus miedos.

-Eso no lo entiendo. Pero abuela, la historia, quiero oír otra vez aquella historia.

La abuela con gesto plácido dio vía libre a sus recuerdos. Se sentía a gusto y no lo disimulaba.

 

Todo comenzó en el instituto, en la época que cursaba el bachillerato.

Yo era una persona que vivía hacia adentro. No era muy comunicativa y huía de ocasiones tumultuosas que me sacasen de una soledad voluntariamente elegida. Era muy querida por la familia que me acogió al morir mi madre. Cuando esto ocurrió, era feliz a mi manera y en mi mundo. Sin embargo era una vida monocorde, sin sobresaltos. Cuando seas mayor, ya te contaré que si en algún periodo se vive al borde del precipicio, el resto de tu vida haces lo posible para no volver a asomarte al mismo.

Pero volvamos al devenir de mi vida en aquella etapa escolar.

Tenía dieciséis años recién cumplidos. Era una clase mixta y yo ocupaba una de las mesas de la primera fila. De las cuatro horas semanales de la clase de Literatura, una de ellas la dedicábamos a leer. Media hora lo hacíamos en alto, leyendo el libro de trabajo colectivo, y la otra media hora, en silencio, un libro elegido a nuestro gusto. A mi me encantaban las novelas románticas, con un final emocionalmente satisfactorio y optimista, que me hiciera sentir bien.

Un día de los de lectura, al abrir mi novela percibí que en el interior había un pequeño sobre. Ni me atreví a tocarlo. Disimuladamente continúe leyendo. Una emoción interior me invadió haciéndome sentir una sensación nueva. Acaso curiosidad.

Volví a casa tras la academia de inglés. Por el horizonte estaba a punto de ocultarse el sol. Un fondo rojo solferino difuminado en el cielo daba buena prueba de ello. Ya en mi habitación busque con ansiedad contenida el sobre. Dentro un mensaje anónimo: “ Sonríe, la vida rima: amor, calor, color, sabor”. Me quedé pensativa. No tenía ni idea de quién podría haber sido.

Se sucedieron los días y cuándo ya hube olvidado lo del mensaje, encontré otro: “ Sé feliz, la vida rima: amar, calentar, colorear, saborear”.

Comencé a mirar hacia atrás disimuladamente, sin embargo, mi soledad elegida había hecho que mis compañeros fueran unos desconocidos

Me gustaban esas palabras escritas. Representaban algunas acciones que había renunciado a experimentar.

Empecé a desear que llegara la hora de lectura semanal. Salía al recreo rápidamente para dar opción al desconocido compañero. Anhelaba volver a tener un nuevo mensaje. No tardó en hacerse realidad. Abrí el libro y allí estaba. Miré hacia atrás y mis ojos se cruzaron con los de él. No había ninguna duda. Aquella mirada tierna, acompañada por una sonrisa cómplice, fue la confesión.

Llegué a mi habitación y leí: “ Te amo desde siempre, siento el calor de tú presencia, has coloreado mi vida, ansío saborear tu boca” .

En ese momento la nieta interrumpió el relato

-¡Qué bonito abuela! Me parece algo maravilloso que alguien que te quiera te deje un mensaje en un libro. ¿Crees que me podrá pasar algo así a mí?

-Tu vida, cariño, está por escribir. En el libro que te corresponde seguro que aparecerán capítulos con tanto amor cómo el que acabo de relatar.

La abuela en ese momento vio acercarse a la dos amigas de su nieta.

– Ahí llegan tus amigas con los patines. Vete con ellas cariño.

-Vale, pero mañana me cuentas lo del primer beso.

-Mañana está por escribir. Si toca ese capítulo, te lo contaré.

 

Mientras las niñas, sentadas en el banco de enfrente, se ponían los patines, Elvira continuó pasando las páginas del libro del pasado.

Recordó las primeras citas. Los largos paseos y los primeros gestos de complicidad. El primer beso en el cine. La primera vez que se unieron en un abrazo de pasión, pasando de dos singulares a un plural. Por último la entrega total, el abandono de ambos cuerpos y la fusión de sus almas.

La presencia de él en su vida había hecho que olvidase los miedos del pasado. Dejó de vagar sola y en círculos para andar en línea recta y acompañada. Su vida no había sido fácil y él había encendido una luz de esperanza en el futuro. Le amó con toda su alma hasta que debido a una larga enfermedad murió. Su marido, el gran amor de su vida y su salvador, le dejó la mejor herencia, su fortaleza.

En ese momento también recordó los últimos años de su madre. Su vida al lado de un hombre que no le ofreció felicidad. Una mujer que había tratado con la muerte y ya no la temía. La llegó a conocer de cerca y en cierto modo la esperaba. La muerte para ella era como el cachorro minino, que según se iba acercando hacia él sabía, que su transformación en un fiero tigre sería inmediata, y que de un zarpazo, sin apenas rozarla, acabaría con todo.

 

El retorno de su nieta con las amigas le hizo volver del pasado al presente. Un presente al cuál irremediablemente le quedaba poco de futuro.

 

Al de un tiempo, una mañana fresca otoñal, Elvira no despertó.

 

A la semana del fallecimiento, a su nieta le entregaron un sobre color canela conteniendo un libro. Lo habían encontrado en la mesita de noche de Elvira. Escrito de su mano, con letras grandes, aparecía el deseo de que fuera entregado a la niña. Al abrirlo encontró un sobre y en el interior del mismo un mensaje. “ Sonríe, la vida rima: saber, hacer, querer, ser, tener. Has de saber que me has hecho feliz al quererme y que, siendo cómo eres, siempre tendrás al lado a alguien que te quiera”

Se le empañaron los ojos, una lágrima de felicidad y nostalgia descendió por su mejilla.

El mensaje, lentamente y con suavidad, fue cayendo hasta depositarse con calidez en el alma de la nieta, a modo de un cristalino copo de nieve.

 

Anuncios

PAIKAN

barjavel……No sé por qué tengo que rescatar ahora para vosotros las imágenes que perviven en mi recuerdo desde los hoscos años de la juventud, estos recuerdos relacionados con una novela titulada LA NOCHE DE LOS TIEMPOS, de un tal René Barjavel. Sé que tengo que hacerlo, algo desde dentro me empuja, y con eso me basta. Debo escribir “Pangea”, pero tampoco sé por qué. Bueno sí, había una guerra entre dos continentes. ¿O era una guerra entre dos pueblos? No recuerdo ya. Pero sigue intacta la tristeza con que empieza el libro, como si lo hubieran grabado a fuego sobre mi corazón.
……Sé que es la historia del amor que se profesaron dos personas que vivieron más allá de los recuerdos, en otra civilización, antes de que se tuviera noticia de que nosotros tendríamos que llegar, en aquel tiempo en el que el futuro parecía derrumbarse ante una guerra atómica mundial. Recuerdo el foso bajo el hielo, la esfera de oro… y dentro ella, desnuda, perfecta, tan hermosa, tan de verdad. Paikan, ese nombre sigue aquí, en algún lugar de mi persona, como un símbolo imperecedero. Es el nombre del hombre, el nombre que repite ella, el nombre que hace que se derramen las lágrimas, sus lágrimas de enamorada.
……Veo también un sacerdote, El Sumo, que entra en una especie de ataúd a prueba de todo y que es el que sabe, el que sabe la ecuación desde la que se crean las cosas desde la nada. Y sé que no es así, que no fue el sacerdote, quien entró en la cámara del tiempo. Y recuerdo el dolor de ella, su pensamiento: ”Haber permanecido tanto tiempo juntos en la muerte para separarnos ahora en la vida”. También recuerdo lo del lenguaje, lo de que aquella sociedad tenía dos lenguas distintas, una para los hombre y otra para las mujeres. Ellas hablan una lengua, ellos otra. Lenguas distintas, sin parentesco alguno entre ellas. Lo recuerdo como una cosa curiosa, como una sorpresa. Y ahora veo que era una separación, una discriminación. También recuerdo que tanto ellos como ellas conocían las dos lenguas. Y que entre ellas sólo se hablaba el lenguaje de las mujeres, y entre ellos el de los hombres.
……Sí, esto recuerdo. Tengo el libro entre mis manos. Este libro que viene de la remota juventud. Amarillea. Está sucio. Tengo miedo de abrirlo. Sé que me capturará, que me llevará al otro lado del tiempo, lejos, a ese lugar en el que hoy sólo se puede llegar con las palabras, y quizás con el corazón. Y la nostalgia de lo imposible se apodera de mí, me aprieta, me empuja hasta la tristeza, hasta la certeza, hacia la insignificancia:¡qué inmensa la totalidad frente a estos días que nos han tocado vivir!

……Estoy aquí, al borde mismo de la agonía.

LA SOMBRA DE UNA DUDA

1

…..Pongo este escrito, en dos partes, por el número de caracteres que contiene. Es abierto, a todos nosotros miembros y colaboradores de la Blogsfera, y a nuestro director y amigo Santiago Solano. Y lo hago en el blog de Javier, porque este apartado se llama “La Sombra de una Duda” y porque es el primero que aparece. Quiero que todo el mundo opine. Nadie lo ha hecho abiertamente por escrito, sí hablando. Yo deseo saber, contrastar opiniones. Y Santiago, estoy seguro, también. Ya que nadie escribe más sobre el tema que nos llevó hasta aquí, la sombra de la gran duda es: ¿dónde pensáis que debe acabar? Por supuesto yo, y creo que el director de la web piensa igual, queremos saber la opinión en libertad. Valientemente. Que no se quede nada en el tintero, ni en el silencio. Yo pienso que Santiago tiene el suficiente reconocimiento, aprecio y confianza con todos y como para poder escribir de lo que pensamos o dudamos abiertamente. Esta es mi duda. Y quiero resolverla. A continuación va mi postura, que he escrito al darme cuenta que la Blogsfera está viva. Y de ello me ha hecho darme cuenta, ya del todo, el escrito último de Soledad.

2

…..Cuestiones de procedimiento. Id al principio del Retorno del Jedi y examinad la propuesta. Y tened en cuenta que esa parte se ha iniciado… pero necesita un final. Veamos.
…..¿Por qué hace falta plantear la pubertad, incluso el posible casamiento de Elvirita? ¿Por qué hace falta seguir un línea convencional de desarrollo de las etapas de la vida de un “símbolo”, un “ente literario”, que había que salvar, escribiéndola, pero entiendo que nunca describiéndola. Me parece bien que el arquetipo tenga “links” con ciertos elementos “mágicos”, “incluso históricos”, del Medioevo o de otras épocas, me parece bien que se mezclen elementos mitológicos… pero yo creo que la escasez de respuestas al reto en esta parte es que Elvirita ha jugado su papel (incluso de más) provocando entusiasmo, intentos de “salvación” (que es elevación sobre la propia historia)… El valor de este libro ya lo tiene. No es cuestión de páginas. Es cuestión de idea y de “reformación de la idea”, de una dinámica que se logró, incluso, si me apuráis, hasta con la aparición del Abad. Las correrías y reflexiones de Orfeo, bien. Pero el regreso del caballero que puede que la enamore o la ensarte con una lanza, por muy Jedi que sea, no tiene por qué seguir un guión previo. Me parece bien que se den unos “inputs” unas propuestas…me parece bien que sigas tu mismo, Santiago, con un desarrollo que lleve a un final abierto. En mi opinión – y en la de algunos miembros de la Asociación – el libro ya estaba. Había un final. Abierto y cerrado, según el lector, según los propios que habíamos contestado al desafío. El regreso es una continuación de la saga. Puede ser un final de parte, si no se demora mucho. O si tu lo tienes claro. Yo creo que Elvirita es ya un espíritu en paz. Que el hecho de que lo sea nos permite que estemos tranquilos respecto a la madre o que el padre siga bebiendo o se eche la siesta todos los días. Da igual. Me parece que esos personajes no existen más que como apuntes referenciales, igual que la maestra, como parte de una trama, que fue tan dinámica que se saltó de bitácoras y argumentos. Yo creo que las fechas están también para saltárselas. No veo la necesidad de seguir por caminos narrativos explicativos. No veo la necesidad de que Elvirita vuelva, aunque si de que esté presente en el espíritu de todo el libro. Yo creo que el proyecto, con comentarios incluidos, que son también el proyecto, es un gran proyecto. Que mezcla lo clásico y lo moderno, las referencias culturales, el ensayo, el artículo corto, la crítica, la historia (esa parte la estás desarrollando ahora) Pero no bajemos a crear una vida necesaria a un arquetipo. Elvirita somos nosotros. No nos creemos más vida a nosotros que la que ya tenemos. Se llama la idea, el impulso, se llama también la improvisación. Y la mezcla. Yo soy un incondicional. Y lo he demostrado. Nunca he creído en el regreso de un personaje que ha sido excelso, paradigma, nexo de unión, recogedor de todas nuestras inquietudes. Que ha jugado, que te ha llegado a raptar, que te ha dado la vida porque, tu se la diste dándole en colaboración con nosotros, la muerte. Atiende a las señales. Y finalicemos el proyecto, finalízalo tu con alguna colaboración más. Y con mi ayuda o la de quien esté dispuesto o lo desee en lo que necesites. Pero yo he captado el ambiente. Y tú también.
…..Tenemos un gran libro de doscientas páginas o más, si queremos. Un libro – un proyecto – ya publicado en la red. Un libro que nos ha unido, en sus peldaños y en sus descansillos. Esta escalera la hemos subido juntos. Sin ti habría sido imposible. Sin nosotros también. Demos paso a la construcción final, que es la lectura, que es el ponerle uno o dos capítulos más. Permitamos que la abadía de Abarth sea el lugar donde se cuenta la crónica de todos nosotros, no sólo de una niña mágica que duerme en su vuelo, que sonríe ante la libertad y la rebeldía, que nos acompañará siempre. Y que no quiere, estoy seguro, ni casarse, ni envejecer más.
…..Con todo mi afecto, reconocimiento y mi gratitud, Santiago, esta es mi opinión.

Emilio Porta

LA INDEPENDENCIA

DESPUÉS DE ESTO

Yo también quiero la independencia.

Me quiero independizar de la hipoteca, de la hipocresía, del sueldo del mes – quiero uno mayor, hablemos de 3000 euros para empezar, luego ya veremos -, del trabajo, que eso sí que cansa. También de la vida que lleva inexorablemente a la muerte, – sí, sí, yo quiero una vida inmortal salpicada con todos los lujos y placeres que te puedas imaginar – de la tristeza, de ser feo y bajito; y de los sesenta años que llevo a cuestas, del ronquido de las noches en su versión mío y tuyo.

Me quiero independizar, amigo, de la idiotez, y de la violencia, de los asesinos a sueldo que te esperan nadie sabe dónde ni cuando para robarte lo poco que has ahorrado en la vida, de los políticos que hacen política – de los que trabajan por el ciudadano si hubiera alguno, no -, de las multas de tráfico, del abono mensual, de lo del canon de aparcamiento en el barrio; y si me apuras, amigo, me quiero independizar también de ti, que te quedas ante estas palabras mías tan parado como una escoba en medio del campo.

Y como esto es tan fácil, porque hoy todo lo que esté más allá de los límites de la libertad es muy fácil, pues voy a montar una asociación de hipotecados que toman una copita de jerez a las tres de la mañana – ojo, que sólo los sábados -, otra de albañiles en paro que fumen en pipa, otra de futuros cadáveres que no sonrían nunca, otra de gente alegre y exhausta, otra de guapos bizcos sin gorra, otra de altos y morenos y de ojos de color de fresa, otra de menores de sesenta con achaques de noventa, otra de personas inteligentes, buenas y honradas que nunca hayan leído un poema, otra de antiviolentos en una noche de botellón con cubos ardiendo, jeringa va, jeringa viene, otra de apolíticos morosos que no vayan a misa todos los domingos – valen los ocasionales -, otra de moteros con minifalda – piernas sin afeitar, ¡eh! -, otra de saltimbanquis esqueléticos. Y otra de, no sé. ¡Ah!, sí de pringaos narigudos.

Y luego, con los resultados de todas esas consultas, me voy a ir a ver Raúl, sí, el jugador del Real Madrid, a pedirle la independencia. Y ojo con que no me reciba en su despacho, que soy capaz hasta de no ir a verle al Santiago Bernabeu.

Pixie & Dixie…  si es que esto es demasiao.